Geografía Infinita

¿Tendremos un año sin verano? No sería el primero…

La semana pasada, el canal francés Météo lanzaba una hipótesis que no parece del todo improbable: este será un año sin verano. El artículo destaca que después de una primavera húmeda y fría -la más fría en los últimos 30 años en Francia– hay un 70 por ciento de posibilidades de que lo que esté por venir sea la ausencia de verano (especialmente en la fachada occidental de Europa). Una mala noticia, sin duda, para todos los que estamos viviendo bajo el influjo de las lluvias diarias.
El informe apunta que la combinación de un largo y tardío invierno, que ha dado lugar a un enfriamiento de los mares, y una actividad solar muy débil durante varios meses pueden tener un efecto directo sobre el clima de nuestro verano. Algunos cálculos, consideran que este verano las temperaturas pueden caer una media de entre 1 y 3 grados en la Península Ibérica, con niveles de lluvia dos veces superiores al normal para estas fechas y abundantes tormentas..
No obstante, la predicción estacional apunta que este escenario parece bastante extremo, por lo que se decantan, de momento, por un “verano sombrío” –poética forma de llamarlo–, marcado por golpes de calor de corta duración seguidos de violentas tormentas. Vamos, un tiempo horrible. Pero hay luz al final del túnel. Se llama otoño y podría ser, según estos cálculos, el más bello y cálido de la historia. Así que si podéis y os fiáis de estos meteorólogos franceses cogeros las vacaciones a partir de septiembre.
El desarrollo de  este pronóstico estacional se basa en el análisis de los principales modelos numéricos (de Europa y América). Según sus datos, algunos cálculos arrojan “la persistencia de una anomalía fría durante los tres meses de verano (junio, julio, agosto), combinada con una precipitación anormal”. Aparecen algunos picos de calor ocasionales – normales en esta temporada – pero el patrón es el de “un verano podrido”, el nombre es una traducción literal, en la vecina Francia. Y atendiendo a los mapas por ellos desarrollados ocurre lo mismo con España.
Las estadísticas no parecen desmentir esta hipótesis. Y es que en el caso de los años en que la primavera fue tan dura como esta, en más del 80 por ciento de las ocasiones, les siguió un frío y húmedo verano. En la década de 1960 y la de 2000, cuando hubo malas primaveras, el verano no fue bueno. Pero en los decenios del 70, 80 y 90, hay tres excepciones notables: 1975, 1983 y 1995. En los tres casos, los veranos fueron muy cálidos, pero también tormentosos. Sólo el 83 es ​​la excepción que confirma la regla, con un mes de junio comparable a los que conocemos, seguido por una ola de calor en julio.
En el artículo, la cadena de meteorología también remarca el hecho de que las temperaturas en el Oceáno Atlántico, el Canal de La Mancha , el Mar del Norte y el Mediterráneo estén siendo mucho más frías de lo habitual, lo que mantiene el aire frío alrededor de Europa Occidental. Dada la magnitud del déficit (hasta de -5 ° en el Canal de La Mancha y el Mar del Norte), es poco probable que los termómetros vuelvan a sus niveles normales en las próximas semanas, lo que aleja aún más la posibilidad de que llegue el calor. Así las cosas, la peor parte se la llevaría el extremo occidental del continente, incluyendo la Península Ibérica, ya que el calor tenderá a subir más a Europa del Este y Rusia..
Pero hay otro factor que viene a sumarse a la fiesta del “año sin verano”. Es la alta humedad. Dice este artículo que muchos estudios han demostrado que una alta humedad en el suelo alrededor del Mediterráneo impide que se produzcan olas de calor en Europa. De hecho, cuando se da esta circunstancia, la aparición de una ola de calor conduce a una alta evaporación y, por consiguiente, a la formación de tormentas que rápidamente ponen fin a la ola de calor. Así que,según Chaîne Météo, “podemos esperar que los picos de calor que se produzcan se conviertan rápidamente en tormentas”.
El caso es que de producirse, no sería el primer año “sin verano”. Hay un precedente, aunque por diferentes motivos. Se trata de 1816 y en esa ocasión, como ya comentamos al hablar de las 5 erupciones volcánicas más mortales de la historia, aquel verano –y año– atípico tuvo su causa en la erupción del Monte Tambora, en la isla de Sumbawa, en la actual Indonesia. La erupción es la más mortífera de la historia, hasta la fecha, de las que tenemos registros. Ocurió en 1815 y ha sido denominada “la erupción del milenio”. Se cobró la vida de 82.000 personas, según los cálculos. El suceso se ha clasificado con la categoría 7 (de ocho posibles) dentro del Índice de Explosividad Volcánica (IEV).
La columna eruptiva hizo subir las temperaturas globales y algunos expertos la consideran causante de los desajustes que se produjeron el año siguiente en las cosechas de gran parte del mundo. Las anormalidades del clima propiciaron un invierno severo que destruyó la producción agrícola en puntos tan lejanos como China, Estados Unidos o Europa. Las temperaturas bajaron en ese año entre 0,4 y 0,7 grados centígrados, de media. A la erupción volcánica se sumó el hecho de que fue un año con unos inusuales bajos niveles de actividad solar debido a que el cielo estaba permanentemente nublado.

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